Me cuesta escoger las palabras para describir lo que sentimos la noche del 14 de enero, fue tremendo, fue genial… realmente ¡FUE LO MÁXIMO!
Hablar de la calidad de los Sauvignon Blanc chilenos ya no es novedad, y es por eso que haber obtenido el premio al Mejor Sauvignon Blanc de Chile y más encima el trofeo al Best Value es algo tremendo, haber competido con vinos que históricamente han sido referentes del medio hace más que meritorio estos premios.
En el fuero interno de la familia, ese día Cony se levanta y en la ducha ya pensaba en ir a la peluquería pues sentía que Marina nos traería algún regalo, yo más escéptico, tenía mucha menos fe, no por nosotros sino que por la competencia.
Y así nos fuimos a la cena donde ante toda la industria del vino tendríamos el mayor reconocimiento personal que hasta ahora hemos logrado y digo eso pues entre Cony y yo, ya nos habíamos ganado 5 de estos premio, pero para nuestras respectivas empresas, esta vez sería para nosotros.
Gracias a todos los que confiaron en nosotros y a quienes creyeron en nuestros sueños, más allá de todo lo que se ha dicho… y lo que se dirá.
Cuando recién me pidieron escribir esta columna, aún era el jefe enológico de una viña establecida, tal como lo había hecho los últimos diez años de mi vida. Y escribí una articulo entretenido, no se si mejor o peor que este, pero si puedo decir una cosa, hoy siendo 100% Independiente, el sabor de las cosas es otro.
Toda esta historia parte casi con los comienzos de mi carrera como enólogo, donde tuve la suerte de conocer a Cony, enóloga que también comenzaba su carrera por esos días, eso fue a principios del año 2001. Desde que nos conocimos lo primero en que pensamos fue en seguir juntos por el resto de nuestras vidas con un proyecto familiar y crear un proyecto que nos permitiera independizarnos en el futuro. Pasaron los años y la idea de crear algo siempre estaba sobre la mesa, hasta que a comienzos del 2006 dimos el primer paso, compramos uvas y vinificamos nuestro primer vino. Todo se dio para dar ese paso, liquides económica, conocer los productores adecuados y por sobre todo tener una bodega y un enólogo en quien confiar para que cuidara de nuestro vino. Es así que parte la historia de nuestro vino y que sin pensarlo cambiará nuestras vidas para siempre.
Hacer el vino sin duda fue lo más fácil, ya que nuestros gustos y estilos siempre han estado muy cercanos, luego vendría una serie de trabajos para los cuales realmente no estábamos preparados. Crear una empresa, es algo muy diferente a hacer vino, constituir una sociedad, publicarlo en el diario oficial, hacer inicio de actividades, imprimir facturas, guías de despacho, contabilidad, flujo de caja y cuantas cosas más que no recuerdo y algunas que no entiendo hasta el día de hoy. Luego vendría otro proceso, igual de novedoso pero más entretenido, teníamos que crear una marca para el vino, le dimos mil y una vuelta, y llegamos a la conclusión de que cada nombre que dábamos era parte de nuestra historia, es por eso que finalmente el vino llevó nuestros apellidos, y el nombre fue una buena broma del destino, bueno, y de nuestro ginecólogo.
El lanzamiento de nuestro vino fue como volver a presentarnos en sociedad, pero esta vez vestidos con ropas propias, fue tal vez uno de los momentos más gratificantes como enólogos, darte cuenta que tu trabajo llega a mucha gente. Eso se valida cuando te llega un mail de una persona anónima y te felicita por que le encanto tu vino. Ese agradecimiento desde es anonimato es casi más valioso que un gran puntaje, pues sabes que realmente le has tocado la fibra a alguien y se da el tiempo de decírtelo.
En medio de esto nos encontramos con más personas que están en el mismo momento de la vida, haciendo vinos a escala humana, vinos que se hacen desde el corazón. Aquí encontramos a fotógrafos, abogados, ingenieros, gerentes, hasta un conde y por supuestos otros enólogos. Todas estas personas tienen diferentes motivaciones para hacer sus vinos, hay algunos que lo hacen para mostrar un trozo de su terroir, otros quieren expresar sus gusto creando vinos de autor, otros vinifican en su propio garage, hay uno que todos los trabajos los hace con la mano de obra de su familia, pero todos coincidimos en una cosa, y es en la necesidad de juntarnos y trabajar como grupo para crear un segmento que hasta ese momento no existía en Chile; y esto ya que hasta ese momento todos nuestros esfuerzos eran iniciativas personales por difundir este tipo de vinos; así nace MOVI, el Movimiento de Viñateros Independientes, unión que parte con 12 amigos con una simple idea, buscar la difusión y reconocimiento de este puñado de vinos, que ha pesar de ser tan diferentes, los une la calidad, la originalidad y su identidad, propia a cada uno de ellos.
Desde ese diciembre, nos hemos reunido en torno a la comida y el vino, hemos discutido hacia donde queremos llegar, y los caminos que nos llevarán a nuestra meta. No ha sido fácil, ya que para variar todos tenemos diferentes ideas de cómo hacer nuestros vinos, y por supuesto, las ideas varían en términos de asociatividad, prensa, puntajes y cuantas cosas más; pero como la democracia aún funciona, siempre hemos llegado a acuerdos, los cuales se han respetado.
Gracias a estas reuniones hemos podido crecer como grupo y personalmente he conocido a personas interesantísimas, con bagaje y vidas únicas, que me han ayudado a ver la vida desde otra perspectiva, me ayudaron en los momentos de transición de ser empleado a ser “Independiente”. Y de ellos estoy enormemente agradecido.
Bueno, como resumen de estas últimas cuatro cosechas produciendo nuestros propios vinos, debo decir que es lo más entretenido y desafiante que me ha tocado hacer, aquí no tenemos la espalda de la bodega, aquí no hay espacio para errores, pero si mucho espacio para crear; no debemos seguir ninguna guía comercial, salvo nuestro propio gusto, y eso si que es un desafío, tratar de mostrarle al mundo tu visión de la vida y de los vinos.
Y para resumir que ha sido MOVI, falta ver lo que hemos logrado en términos de difusión, hemos llegado a llenar un lugar que estaba vacío, y eso ha llamado la atención. Aún no me explico porque Chile demoró tanto en llenar este espacio, en Europa esto segmento de productores es muy común, siempre ha estado en la historia del vino. En EE.UU. hace más de 25 años que esto partió, y hoy puedes ver ferias exclusivamente dedicado a estos pequeños productores, incluso en nuestro país vecino este tema esta más desarrollado, pero bueno, somos una industria joven, donde algunos tendrán que pagar el precio de hacer este cambio, un cambio de visión que sin duda beneficiará a Chile, y donde le daremos una mano a los grandes, quienes hoy no nos ven con buenos ojos. Nuestro aporte será ponerle caras a los vinos, aportar con historias y vivencias, sin dudas no tendremos los más grandes vinos, pero tal vez, si los más entretenidos.
Bienvenidos a una nueva era, Bienvenidos a la era MOVI.